“La
inteligencia consiste no solo en el conocimiento, sino también en la destreza
de aplicar los conocimientos en la práctica”
-Aristóteles-
La primera práctica fue la del
reconocimiento de glúcidos. La realicé junto a Marina Hurtado, Natalia
Rodríguez y María Trigueros.
Lo primero que hicimos fue coger
los tubos de ensayo y enumerarlos del 1 al 10 y también pusimos el vaso de
precipitados con agua al fuego. Después, en los nueve primeros tubos echamos la
cantidad correspondiente de la mezcla de los reactivos de Fehling y a cada uno
de ellos le añadimos los alimentos que les correspondían: glucosa, sacarosa,
lactosa, maltosa, zumo de uva, azúcar de caña, leche entera, cerveza y agua
destilada. Los pusimos al baño María y comprobamos que todos cambiaron de color
menos el agua destilada (no es un glúcido) y la sacarosa . Esto es debido a que
la sacarosa, a diferencia de los otros, no es reductora, no reduce el reactivo
de Fehling. Esto se debe a que para formar el disacárido sacarosa se unen los
dos carbonos carbonílicos, el de la fructosa y el de la glucosa, no quedando
ninguno libre.
Para conseguir que la sacarosa
cambiara de color, cogimos el tubo de ensayo 10 e introdujimos en él sacarosa
junto a ácido clorhídrico, lo pusimos al baño María durante cinco minutos. Con el ácido clorhídrico se conseguía romper el disacárido y obtener los monosacáridos que lo
formaban: glucosa y fructosa, que sí son reductores. Dejamos enfriar la mezcla
y añadimos una base (NaOH) para neutralizar el ácido, reactivo de Fehling, y lo
volvimos a poner al baño María. Finalmente, cambió de color.
Nuestro cuerpo produce ácido clorhídrico en el estómago, ayuda a desintegrar los alimentos y así, facilita el proceso de la digestión.
Nuestro cuerpo produce ácido clorhídrico en el estómago, ayuda a desintegrar los alimentos y así, facilita el proceso de la digestión.
Semanas más tarde hice una
segunda práctica junto a Marina Hurtado y María Trigueros. Fue el
reconocimiento de lípidos.
Lo primero que hicimos al llegar
al laboratorio fue preparar el material. Una vez preparado, cogimos el vaso de
precipitados, lo llenamos de agua y lo pusimos al fuego. Sabíamos que primero
debíamos preparar la mezcla para la elaboración del jabón, por lo que cogimos
un tubo de ensayo e introdujimos en él sosa y aceite, agitamos fuerte y lo
pusimos al baño María 40 minutos.
Mientras se calentaba, seguimos con lo demás. En dos tubos de ensayo introdujimos aceite, en uno de ellos añadimos tinta china
y en otro Sudán III, los dos los agitamos y los dejamos reposar. El Sudán III es un colorante que se disuelve en las grasas, por lo que si al echar el Sudán III, este se disuelve con el otro compuesto, este último será una grasa (tipo de lípido).
Después cogimos otros dos tubos,
a uno le añadimos leche entera y Sudán III, y a otro leche desnatada y Sudán
III. Los agitamos y los dejamos reposar. La diferencia que débilmente observamos es que la leche desnatada, al ser baja en grasas, se tiñe un poco menos que la entera, ya que el Sudán III tiñe las grasas.
Más tarde, cogimos otro tubo de
ensayo y añadimos aceite, Sudán III y acetona. Lo tapamos y lo agitamos bien.
Por último, volvimos a coger dos
nuevos tubos de ensayo y añadimos en los dos, agua ,aceite y Sudán III. Y solo a uno de ellos añadimos un poco de jabón
líquido. Los agitamos y dejamos reposar. El aceite y el agua no se mezclan,
pero al añadir el jabón líquido se forma en las gotas del aceite (grasa) una
membrana semipermeable lo que permite que el agua y el aceite se mezclen.






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